martes, 23 de octubre de 2012

Esculpiendo pensamientos - Psiko esculturas

Cada pensamiento que brota de tu cabeza tiene forma...
Cada proyecto que brota de tu cabeza tiene forma… 
Cada creencia que brota de tu cabeza tiene forma… 
Cada mentira que brota de tu cabeza tiene forma… 
Cada verdad que brota de tu cabeza tiene forma… 
Cada creación que brota de tu cabeza tiene forma… 

En definitiva, todo lo que brota de tu mente tiene una forma determinada. 
Cuando asistimos a una exposición artística y contemplamos una obra, vivimos una experiencia que queda grabada en nuestro recuerdo. Esa experiencia es el objetivo de cualquier artista que pretenda comunicar algo con su trabajo. ¿Qué es lo realmente importante en el proceso de creación y comunicación de una obra de arte? A mí entender el arte se podría codificar del mismo modo que un teléfono. El creador transmite una idea o concepto por teléfono y el receptor la recibe. En el mundo del arte contemporáneo lo que haríamos sería enmarcar el teléfono... 



El Psikoarte pone el énfasis en lo que sucede en la cabeza del receptor, poniendo el acento en aquello que tiene lugar en su mente. El medio es irrelevante, ya que el objetivo no es él en sí mismo, sinó el "qué" se transmite y como lo vivencia el receptor. Las obras de arte no son más que enlaces. Simples puentes hacia una idea o sensación previamente creada por el artista. 




El Psikoarte pretende recrear directamente la obra, modulando los pensamientos o la imaginación del receptor. Si el artista le dice al receptor imagina un caballo azul que vuela, la obra tiene lugar inmediatamente en su cabeza. El imput puede tener tanta o más fuerza que si lo hubiera visto con sus ojos físicos. La obra tiene lugar en la mente siendo esta el verdadero espacio expositivo.  

La obras comunes están materializadas en un mundo perecedero condenado a desaparecer. Sin embargo las Psikoesculturas no pueden llegar a desaparecer porque paradójicamente nunca se crearon. Simplemente se recrearon en un plano indestructible a partir de un material que deja su huella infinita en el universo de lo intangible. La imaginación es en sí misma una herramienta escultórica que carece de fronteras.

 Lo único que requieren las psikoesculturas es el tácito acuerdo entre quien la crea y la recrea, para tomar como punto de partida que todo cuanto se imagine o vivencie es ARTE. A raíz de todo esto que aquí planteo me vienen a la mente varias preguntas... 

¿Se puede considerar arte la modificación de las ideas? ¿Se puede generar arte simplemente visualizándolo? ¿En qué situación quedaría el arte y la escena artística si el arte en vez de "materializarse" se imaginara o pensara?

 La desmitificación de la obra en sí misma es un requisito imprescindible para poder entender todo cuanto aquí planteo.
 Respecto a la primera pregunta, mi respuesta sería que sí.

 Llevando la palabra Psikoescultura al terreno de lo tangible tendríamos que considerar que cada vez que pensamos nuestras neuronas oscilan y vibran en una danza que aunque somos incapaces de descifrar existe y tiene lugar en el plano físico. 

Cada vez que asimilamos nuevas ideas nuestras neuronas generan un nuevo código o movimiento que tiene lugar en el plano físico. Si moldear una madera o un metal se puede considerar una escultura ¿Porqué no el generar un movimiento neuronal? 

Ahora bien, para la escena artística, el que el arte no se transforme en algo tangible y sobre todo comercializable representa un gran problema para muchas personas, ya que a no ser que se documente, el Psikoarte no se puede coleccionar, y llevándolo al terreno visual, el Psikoarte no te decora un salón. 

De modo que no creo que en el circuito artístico encuentre las puertas abiertas... 

Si lleváramos el Psikoarte a un nivel más masivo en el que un gran número de personas pudieran acceder a esas obras y éstas modificaran las ideas y puntos de vista de quienes las visualizaran nos llevaría a un escenario en el que preguntarnos si por ejemplo un formato parecido a un mitin político, una dictadura o un movimiento social, es decir manipulaciones de conductas y voluntades a nivel colectivo podrían llegar a tener la consideración de arte si tanto el generador como los receptores así lo convienen...

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